jueves, 16 de julio de 2015

PERSPECTIVAS FRENTE A LA DIDÁCTICA
DE LA LECTURA Y LA ESCRITURA


Comprender e interpretar la realidad educativa y social de hoy, requiere de la reflexión permanente sobre el que hacer educativo; más específicamente en el modo como se concibe esté en relación al mundo que nos rodea.
La transformación de la educación en la nueva sociedad del conocimiento, es entonces pretender la reeducación de la práctica docente, con el propósito de contribuir al fortalecimiento, apropiación y aplicación de nuevos conocimientos, a través, de procesos en donde se desarrollen competencias pedagógicas especificas a los procesos de pensamiento, a la construcción de significados, a la manera de concebir el mundo y al cómo se percibe la realidad de éste desde la necesidad misma del ser humano y desde su esencia e individualidad.
Tal transformación se encuentra estrechamente ligada a la reconstrucción de los espacios de aprendizaje, a la mediación de competencias lecto-escriturales y a las didácticas tradicionales que han orientado dichas competencias y que han condicionado la relación del maestro con sus perspectivas y modelos para intervenir en los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lectura y la escritura.
La necesidad de vincular al niño o niña con la experiencia maravillosa de leer y escribir, y con los sonidos propios de sus contextos en relación a la palabra; deben entenderse hoy como la herramienta fundamental para llegar a entender y evitar el fracaso escolar que se vislumbra en la puerta de muchas instituciones educativas y que es considerada una de las más grandes preocupaciones del maestro que ejerce una práctica reflexiva del mundo exterior y de las percepciones emocionales e intelectuales de sus estudiantes.
El considerar el lenguaje como el sistema de comunicación ejercido por la sociedad, a través del cual, el ser humano se relaciona con el mundo que lo circunda, no es en su totalidad el medio que da sentido al lenguaje, es decir, éste es el resultado del papel de cada individuo y el significado de cada palabra en su conciencia y contexto, en donde uno condiciona al otro recíprocamente para adquirir el verdadero significado.
En vista de las consideraciones anteriores, la lectura y la escritura podrían ser pensadas como instrumentos y habilidades que dan acceso a la información y al conocimiento. En este sentido, es importante reconocer que tales habilidades aunque no sean iguales, tienen trascendencia e influencia entre sí, es decir, el lenguaje oral desarrolla competencias que favorecen el lenguaje escrito, aunque esté sea más elaborado.
La enseñanza de la lectura y la escritura implica necesariamente tener pleno conocimiento de lo que significa leer y escribir. ¿Son los maestros conocedores de estos significados?, ¿Son conscientes de que el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura, especialmente en los primeros años, dejan una huella que perdura en la vida de un ser humano y que este proceso más que un ciclo en su vida; debe ser una experiencia agradable, llena de sentido y significado?; esto indica entender los elementos y experiencias personales que deleiten a los niños y niñas en el mundo de las palabras, a través, de procesos cognitivos que permitan la construcción y reconstrucción de conocimientos ya existentes y así, asignar significado a los símbolos escritos que traducen sus experiencias, necesidades y expectativas. Como lo expresa Rosenblatt (2010) citando a Vygotsky, quien “calificó la adquisición del lenguaje como la piedra angular del desarrollo cognoscitivo del niño ya que la lectura y la escritura son procesos cognitivos que permiten crear los textos para responder a necesidades que ya existen”.
En este sentido, se hace necesario el contacto de la escuela con el mundo exterior, permitiendo así, percibir lo verdaderamente importante y necesario, la escuela debe trascender los muros de concreto para escuchar al mundo tal y como es, y así, poder actuar en distintos escenarios vivos que brindan accesibilidad a un capital lingüístico ya existente y el cual será influenciado por el contexto y el tiempo. Todo proceso lector o escritural pasa por transacciones en las que intervienen factores de tipo social, cultural, personal y ambiental, así, como las que plantea Rosenblatt cuando dice que “La escritura es siempre un hecho en el tiempo, que ocurre en un momento en particular durante la biografía del escritor, bajo circunstancias particulares, y bajo presiones externas y también internas, particulares”.
Debo señalar ahora, que tenemos que trascender del estado de percepción y sensibilización, tenemos que convertir la realidad en ideas y éstas en textos, esto se traduce en una transformación de la practica pedagógica en cuanto la enseñanza de la lectura y la escritura desde el contexto vivo; en su gran mayoría, los docentes son dependientes a un sistema, a un direccionamiento, y no hacen uso de su potencial creativo para generar innovación en su quehacer pedagógico; quedando relegados solo al reconocimiento de necesidades y a la escasa capacidad de generar transformación en individuos y contextos en constante movimiento.
No podemos ir por caminos inciertos cuando tenemos un contexto real con múltiples complejidades, en los cuales podemos provocar cambios significativos en un mundo volátil, efímero y globalizado lleno de diversidad, es preciso considerar, que el cambio altera métodos y proporciona transformaciones en los procesos de enseñanza y aprendizaje, siempre y cuando se reconsidere las experiencias e inquietudes actuales de quien aprende, ¿Cómo podemos trascender los muros de lo usual y ver la ventana abierta cuando las puertas están cerradas?; un cambio requiere necesariamente del proceso de innovación, es decir, transformar la práctica pedagógica desde el contexto y para el contexto.
Los maestros somos ante todo agentes de cambio social, lo que se traduce, entre muchas cosas más, en educar con creatividad utilizando al máximo su conocimiento para lograr crear y transformar un ambiente que ha sido creado bajo el poder de la influencia y las limitaciones para enfrentar el medio cotidiano social y natural.
Quisiera concluir, diciendo que el cambio en los procesos de enseñanza de la lectura y la escritura que debe afrontar la escuela debería tomar conciencia de que la distancia entre la palabra, su significado, su realidad y su transacción en el medio natural debería acortarse para lograr la evolución del texto en función del propio sentido interior de quien lo escribe o de quien lo lee. Lo que significa que para cambiar hay que tener conocimiento de lo que se es, lo que se tiene y de lo que se requiere. Así mismo, es importante insistir en la implementación de estrategias innovadoras, en la búsqueda de nuevos métodos para intervenir en el entorno y en la adaptación del docente para enfrentarse a lo imprevisto y tener la capacidad para mirar los errores como posibilidades para aprender y para actuar.



ROSENBLATT, Lousi. M. El Modelo Transaccional: La Teoria ransaccional de la Lectura y la Escritura; 2010;Tomado de http://didacticadelalenguauno.blogspot.com/2010/09/el-modelo-transaccional-la-teoria.html el 23 de mayo de 2015

martes, 29 de julio de 2014

LA EDUCACIÓN EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO



Hablar de educación hoy, contemplando los cambios que presenta la sociedad actual en torno a procesos de modernización y comunicación a gran velocidad, requiere necesariamente cambios radicales en la praxis pedagógica. En este sentido, la educación debe hacerse cargo de la transformación que experimenta el contexto cultural inmediato y de la influencia de las tecnologías de información y la comunicación en el incremento  y evolución de la sociedad contemporánea; razón por la cual, la interpretación de la globalización no debe ceñirse en sus efectos sobre la educación, sino, como parte de su entorno, en el que ella opera y al cual debe responder y adaptarse.
El papel de la educación en la era moderna, entonces, debe centrar su acción en la comunicación y la información como elementos que están al servicio de la transmisión y construcción del conocimiento, en su extensión en el espacio y  su influencia en las generaciones modernas asumidas como la aldea global.  Su acción debe operar a través del desarrollo de contenidos digitales significativos, pertinentes, así como en el fortalecimiento de las competencias necesarias para el uso apropiado de las mismas. Repensar la educación debe considerar las TIC como un espacio activo que genere nuevos ambientes para el aprendizaje respetando los principios de participación y equidad, por lo que la inclusión digital debe ser asumida como un asunto de corresponsabilidad entre el estado y la escuela, donde juntos busquen el mejoramiento de la educación traspasando las brechas abismales que existen, ya que como lo expresa Chen y Wellman (2004) “no hay una brecha digital, hay muchas divisiones”, dado que los estudiantes menos favorecidos económicamente tienen menos oportunidades de hacer buen uso de las TIC y los más favorecidos se encuentran mediatizados permanentemente por ellas.
Es evidente la necesidad de activar el proceso de inclusión digital que favorezca también a las poblaciones vulnerables, entre ellas, la población escolar rural, quien hace algunos años se encuentra medianamente incluida en los proceso de accesibilidad tecnológica, pero carece de procesos más profundos como la alfabetización digital que permiten el buen uso de la información para el aprendizaje y adquisición del conocimiento. Desde esta perspectiva, se evidencia la necesidad de transformar el acto educativo del nuevo siglo. Es indispensable generar y proporcionar ambientes de aprendizaje mediados por las TIC, que permitan transformar la praxis pedagógica de forma  innovadora, propiciando nuevas estrategias de enseñanza que posibiliten la adquisición de conocimientos incrementando la motivación para el aprendizaje siendo este el elemento fundamental para que exista un aprendizaje significativo, de ahí la gran inquietud investigativa cuando el común denominador en el contexto escolar actual está mediado por la desmotivación e indiferencia ante el proceso enseñanza- aprendizaje.

Traspasar la brecha digital, es un paso necesario para garantizar el pleno desarrollo de la ciudadanía y poder hablar de inclusión digital. Por todo esto, las buenas prácticas que suponen las experiencias innovadoras que generan procesos de inclusión digital son la ruta a seguir para mejorar la educación en los nuevos escenarios de la sociedad del conocimiento.